Rodrigo Carazo: Busquemos nuestros propios remedios.
Eduardo Ramírez Flores
Semanario Universidad
mayo 2003
El exmandatario Rodrigo Carazo Odio aborda las negociaciones y expectativas costarricenses de cara a un tratado de libre comercio con Estados Unidos, del Plan Puebla Panamá, y la participación de los sectores sociales.
"Sostengo que negociar no es algo permisible, sabiendo que nuestra contraparte tiene los dados cargados y las cartas marcadas; ellos quieren ponernos a hacer lo que a nosotros no nos conviene, con el cuento de que así nos va mejor".
Así se expresó el expresidente (1978-1982) Rodrigo Carazo Odio, en una amplia entrevista con UNIVERSIDAD, en la cual se refirió a las próximas negociaciones de Costa Rica con Estados Unidos, para lograr un tratado de libre comercio.
En visita que hizo a este Semanario, el exmandatario y presidente del Consejo de Defensa de la Institucionalidad (CDI), respondió a preguntas que le plantearon los periodistas William Vargas y Eduardo Ramírez. A continuación se ofrece un resumen de sus criterios.
¿Cree usted que durante 2003 en la región se fortalecerá la lucha bajo la consigna de "un mundo mejor es posible"?
-Habrá mucho esfuerzo y decisión de sectores de la sociedad por lograr respeto en la negociación que se nos ha impuesto, tendiente a un mercado común y a una comunidad continental de carácter comercial. Por las experiencias vividas, sé que habrá muchos obstáculos para que esa posibilidad se consolide; pero a la vez, la lógica tendrá que imponerse. Desde luego que no es posible someter a un continente de 400 millones de habitantes, para que se convierta en un instrumento de bienestar de unos pocos: 200.000 seres humanos que son los que están absorbiendo como un aspirador, todos los beneficios de las riquezas que se producen en este inmenso pedazo de mundo.
A partir de las nuevas orientaciones de gobiernos de izquierda y centroizquierda en Suramérica, ¿se podría dar un desaceleramiento de las tendencias neoliberales?
- Hay dos actitudes muy claras: una inconformidad por el estado de cosas, y por otro lado un deseo para que ese estado de cosas se oriente positivamente en beneficio de esas mayorías; o sea, que ante la exclusión de tanta gente, unos creen que ha llegado el momento de lograr la inclusión de cierto porcentaje.
No siento que haya una orientación de carácter ideológico, sino de supervivencia; ni que haya llegado la oportunidad de que prime el pensamiento sobre la necesidad, porque es tan apabullante la exclusión, que no da tiempo para hacer teorías. Y no soy pesimista, sino que veo con toda claridad lo que ocurre en todo el continente, incluida desde luego Costa Rica.
El próximo año Costa Rica se abocará a la negociación con Estados Unidos de un tratado de libre comercio. ¿Conviene la suscripción de este convenio?
-Tres cosas se deben exigir antes de sentarse a negociar: eliminación de los subsidios, quitar las fórmulas de proteccionismo arancelario y no arancelario que practica Estados Unidos, y poner la negociación en manos de quienes conozcan las necesidades de nuestro país y no de los que hayan aprendido en las universidades de Estados Unidos o en los organismos internacionales; porque quiero dejar sentado muy claramente, que los países de América Latina hemos cometido el error de poner a negociar a gente que ya está convencida de las tesis del oponente.
A uno le queda la impresión de que las autoridades costarricenses que están negociando -al menos en los borradores- el tratado de libre comercio con Estados Unidos, van a un paso muy acelerado.
-Eso es lo que digo: ponen a negociar -como si fueran nuestros representantes- a quienes tienen como misión acabar con todo tipo de resistencia que se pueda levantar. Ellos tienen la mentalidad que les exigen los otros y por supuesto actúan en beneficio de los otros.
¿Cuáles beneficios y perjuicios le acarrearía a Costa Rica este acuerdo?
- Los costarricenses deberían analizar lo que le ha pasado durante ocho años a México con el tratado de libre comercio con Estados Unidos. Dicen que es muy difícil experimentar en cabeza ajena; pero, tengo la impresión de que es tan apabullante el ejemplo mexicano, que no tomarlo es una tontería. También sostengo que negociar no es algo permisible, sabiendo que nuestra contraparte tiene los dados cargados y las cartas marcadas; ellos quieren ponernos a hacer lo que a nosotros no nos conviene, con el cuento de que así nos va mejor. Esto no es un problema ni ideológico, ni político, sino de supervivencia.
¿Es posible un tratado de libre comercio que no signifique el pez grande comiéndose al más pequeño?
-Es absolutamente imposible. Nunca he visto a un rico proponerle un negocio positivo al pobre. Nos proponen un negocio en el cual ellos se llevan la mejor parte. De manera que por ahí empieza la observación de lo que es urgente. Fíjese que nos hablan de que con el mercado común de América tendremos 800 millones de clientes y nunca nos dicen qué va a pasar con los otros 5.200 millones de personas que viven fuera del continente. ¿O es que en las otras partes se van a quedar sentadas, esperando que esta otra cierre sus puertas y ellos las mantengan abiertas para nosotros? Pienso que esto es una tontería. En el momento en que los bloques de naciones empiecen a luchar entre sí, el más poderoso llevará las de ganar y los otros pagarán el subsidio para que así sea, y a su vez no lograrán vencer sus problemas de necesidad. Esto ya lo hemos vivido durante muchos años.
¿Cuáles son los mecanismos que la ciudadanía o los pequeños y medianos productores tienen para presionar porque estas condiciones previas al tratado de libre comercio se respeten, pues queda la sensación de que la negociación va tan rápido que de pronto llegamos tarde?
-Otra condición a la cual debemos recurrir, es que no exista "secretismo" en las negociaciones de carácter comercial o financiero, y a su vez, que exista la posibilidad de que los grupos sean no solo muy conocidos, sino también que se les abra la posibilidad de que opinen con amplitud. La idea es que haya un espacio permanente de dialogar y de oír lo que dialogan, lo cual no ha ocurrido. Estas conversaciones de carácter comercial, se llevan a cabo entre muy pocos, y luego dicen que están haciendo lo posible para que todo salga bien.
Aparte de este mecanismo de tratados de comercio, ¿existe alguna forma de que Costa Rica pueda tener un intercambio comercial más favorable?
- Creer en brujas siempre es posible, y vivir de ilusiones también. Pero, veo -por ejemplo- funcionarios de las universidades nacionales estar a favor del convenio de la Unión para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV) y opinar en favor de este en la Asamblea Legislativa. Si en la universidad no han aprendido que esos instrumentos son de "desposesión" para los sectores que necesitan mantener no solo su identidad, sino la propiedad de sus bienes, qué difícil será que aprendan las personas que se hacen esas ilusiones. A mis amigos les digo que estoy muy viejo para creer en San Nicolás, y que cada vez que veo una foto suya miro que viene con el saco vacío...para llenarlo por aquí, y como que no nos damos cuenta de que, en primer lugar: se trata de un disfraz, de una cosa irreal; y en segundo lugar: que viene en función de sus propios intereses. ¿Cómo lograr entonces una buena negociación? Yo diría que no cediendo nuestros mercados. ¿Por qué para poder acceder al mercado de ellos tenemos que rendir el nuestro? ¿Por qué para poder tener la oportunidad de dialogar sobre integración económica debemos asumir una apertura total y eliminar aranceles? Porque sencillamente... eso es lo que a ellos les conviene. Es urgente que los costarricenses nos demos cuenta de que eso es así. Hay países que creyeron demasiado en las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI), y allí están sufriendo la tragedia de la destrucción de un sistema económico, como Argentina. Otro remedio es que haya solidaridad entre los países pequeños.
Costa Rica ha servido de ejemplo para demostrarle a la región que es posible alcanzar cierto desarrollo socioeconómico sin apegarse radicalmente a la desacreditada fórmula impuesta por los organismos financieros. ¿Podría esto generar un nuevo esquema de desarrollo con el aval de los entes financieros?
-Con el aval de los entes financieros es imposible, pues estos son instrumentos de conquista para los países poderosos. Los organismos financieros, desde el grandote que es el Banco Mundial, hasta el FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo, lo que hacen es facilitar que el cuadro de comercio y de negocios favorezca a la gran empresa. Eso lo vimos cuando se nos dijo que había que hacer una renovación agrícola, y ocurrió cuando ya el Banco Mundial estaba impulsando el cultivo de café en Vietnam y China, que ha causado la ruina de nuestros cafetaleros. ¿Cómo voy a pensar que estos señores que empujaron a la ruina a los pequeños agricultores de mi país y los vecinos, nos van a dar un consejo desinteresado? ¿Y que están haciendo las cosas bien, en beneficio nuestro, cuando lo primero que hacen es impulsar que el Ministerio de Hacienda, el de Economía, el Banco Central, y todos los organismos financieros, queden en manos de gente que ellos han educado?
Otro continente es posible si nosotros somos distintos; pero, si seguimos creyendo en brujas, no nos vamos a poder enderezar. La fórmula para levantar un país con condiciones mejores en lo económico y social, no nació en Costa Rica por la obediencia a lo externo, sino por la iniciativa propia.
El Plan Puebla Panamá (PPP) promueve la integración eléctrica del Istmo con la participación del sector privado. ¿Podría este convenio ser la vía para la apertura comercial del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y su eventual desaparición como entidad estatal?
-No me lo amarre a solo el ICE. Es la consecución de una cancha para que en ella la gran empresa internacional logre aplicar todas sus políticas de dominio político y financiero. Todo lo que busca el PPP es abrir una oportunidad para que las empresas transnacionales puedan adquirir todos los elementos de desarrollo y servicios. Por eso, para hablar del PPP primero nos hablan de privatización; o sea, otra vez vamos a prestar el potrero, para que el desarrollo lo hagan en beneficio de empresas.
¿Cuál es la relevancia de la incipiente participación de los sectores sociales en los proyectos legislativos de importancia?
-El impacto será cuando las tesis que se impongan sean las que le convienen a los costarricenses. ¡Cuidado nos llevan en banda! Porque sin duda la campaña es muy grande. Aprecio y aplaudo el que se metan hasta el pelo a participar, pero llamo la atención de que no se les olvide por quién tienen que trabajar. Por eso tienen que mantener los ojos abiertos.
¿Podría ser esta forma de participación ciudadana el esquema que saque al país de la ingobernabilidad sufrida en los últimos años?
-Cuando hay ingobernabilidad es porque no hay gobierno y si no hay gobierno es porque no hay gobernante. Esto no se debe al sistema. Se debe a la prueba que nos quieren dar aquellos que se quieren posesionar de lo que tenemos, diciendo que es malo. Nos han llegado a convencer de que los costarricenses somos incapaces y de que para resolver nuestros problemas tenemos que traer gente y empresas de afuera. Por eso mismo hay que tenerle mucho cuidado a las palabras que nos meten como justificativas de la política que aplican y que causan graves problemas en nuestra sociedad. Por ejemplo, en materia tributaria, es urgente que le pongamos mucha atención a los técnicos de la misma Universidad de Costa Rica, quienes dicen que nos fijemos en la contabilidad del Estado. Eso es más interesante de analizar que lo que nos dicen los organismos financieros internacionales. Porque sin duda alguna, ya sabemos que la malpraxis de carácter contable no nació aquí; Enron, World Com, y tantas otras, nos dicen que son prácticas ajenas. Nadie nos va a sacar de apuros, ni nos va a liberar de problemas sino nosotros mismos, con trabajo y con los ojos muy abiertos, porque no hay ninguna fórmula económica, política o social, en la que un país venga a hacer el favor, olvidándose de sus propios intereses.
Hay esfuerzos académicos como los del Informe del Estado de la Nación, que señala cómo Costa Rica se enrumba hacia algún lado, pero no se sabe hacia adónde y hace falta un modelo de desarrollo propio.
-Estoy de acuerdo con esa tesis. Lo que siempre estamos buscando es cómo copiar, y esa es la tragedia; con un problema muy serio, y es que nos puede pasar lo de Argentina, que se dedicaron a copiar tan fielmente lo que le decían de afuera, que cuando vino el descalabro, los de afuera ¿qué fue lo que dijeron? Que habían copiado mal. Esto no es un juego de niños, pues está de por medio el poder y el dominio del planeta. Busquemos nuestras propias orientaciones, pero sin aislarnos, pues el mismo Gandhi nos los dijo hace montones de años: la unidad (o sea, el globalismo) en la diversidad, y cada uno aportando lo que tiene, pero no todos haciendo lo mismo.
¿Cuál es el papel que debería jugar la academia, en este caso la Universidad de Costa Rica?
-Abrir los ojos ellos mismos y abrirlos de la gente con sus conocimientos, porque nada podemos esperar de la prensa.
¿Ese papel por parte de la UCR ha sido pasivo o incisivo?
-Qué pena que esas preguntas lleven a una respuesta generalizada que oriente mal las interpretaciones. A menudo se manda a un estudiante a que se especialice en hacer las cosas de la manera que le interesa al país que lo educa, y no al que le dio vida. En consecuencia, eso nos indica que teníamos una responsabilidad superior, cual es buscar nuestras propias orientaciones. No busquemos tanto afuera, porque adentro vamos a encontrar nuestra propia inspiración, que nos ayudará a encontrar nuestro propio ser. Las técnicas las podemos universalizar, pero los propósitos son de cada país o región. Esto nos obliga a estar con los ojos abiertos, y esto es lo que le corresponde a la academia: fundamentar el desarrollo de los pueblos de acuerdo con sus propios intereses y no con los ajenos.
A partir de la orientación económica del país, ¿cómo percibe el futuro cercano?
-Rompí hace mucho tiempo mi bola de cristal, pero deseo que las cosas salgan mejor que como van. Pero, se pondrán peor si seguimos obedeciendo las instrucciones que nos dan los de afuera y nos metemos al tratado de libre comercio. Esa integración no es integración, es compra. Inclusive, nuestro país, que tantas ilusiones prestó a la maquila, ya la ve en retirada. ¿Por qué? Porque son épocas transitorias en el desarrollo industrial y no son propias. Por eso hay que buscar nuestros propios remedios, sin ceder el mercado local, el único que tenemos seguro.
"Estar con los ojos abiertos le corresponde a la academia".