Hacia la internacional humana

Pedro Casaldáliga*

Adital

18 de setiembre de 2003

 

El actual sistema mundial cruje y muchos así lo
reconocen. Hasta en las altas esferas de los
organismos que comandan el sistema surgen cada día
voces nuevas que se suman al ejército de los
convencidos de que el actual (des)orden no tiene
salida sino con un cambio estructural. Ya son pocas
las voces que se atreven a repetir la cantinela de
décadas pasadas: "estamos en el mejor de los mundos
posibles", o "no hay alternativa".

Decididamente, la "altermundialidad" venció sobre la
ideología de la "inevitabilidad". Aquel tímido grito
que comenzó en torno al Foro Social Mundial - "otro
mundo es posible -, ha dado efectivamente la vuelta
al mundo y se ha hecho clamor, voz común, unificada,
internacional. Sí, es la altermundialidad:
afirmamos que no estamos en el mejor de los mundos
posibles, que no es inevitable esta actual situación
del mundo y que "otro mundo es posible".

Ahora bien, el otro mundo posible no caerá del
cielo, ni amanecerá un día cualquiera. ¿Cómo vendrá?
¿Quién lo construirá? ¿Qué hará que vaya surgiendo?

Lo primero que habrá que hacer para construir el
mundo nuevo será soñarlo. Lo nuevo no vendrá más que
si hay muchos y muchas que lo sueñan utópicamente,
que se esfuerzan por configurarlo como sueño y
proyecto, como esperanza. Para que venga el mundo
nuevo, hay que poner a trabajar la imaginación, la
fantasía, la esperanza, la utopía. Soñar el otro
mundo posible es un primer paso para provocarlo,
para darlo a luz. ¿Cómo será ese otro mundo
posible? ¿Cómo debería ser?

La Agenda Latinoamericana 2004 quiere ser eso: un
sueño colectivo, muchas voces en fantasía
comunitaria soñando los diversos aspectos,
elementos, dimensiones. del otro mundo que es
posible y que queremos que sea real. Esta vez la
Agenda no es - no quiere ser - protesta, sino
propuesta. He aquí el otro mundo posible que
queremos, el mundo futuro que soñamos, el mundo
real-ideal en que deseamos vivir.

Ahora no se trata sólo de propuestas menores,
locales, parciales, dispersas, coyunturales, aunque
necesarias y articuladas sistemáticamente. En
conjunto se trata de la propuesta, la propuesta de
un mundo otro, un proyecto para el mundo otro. Se
trata pues de "tocar" el corazón del sistema, las
grandes instituciones, los poderes que condicionan o
posibilitan. En todo caso, el grito más común es
"queremos otra cosa": la alternatividad.

Eso lo pide y lo posibilita la mundialidad que
estamos viviendo, por la comunicación y el
conocimiento que todos podemos tener sobre lo que
pasa y lo que no pasa. Y porque sentimos que todos
somos afectados por los mismos poderes, los mismos
peligros y los mismos sueños cuando soñamos
humanamente. Estamos bajo el mismo sistema. Cada vez
más, en un sentido cierto, percibimos que estamos en
un solo mundo, un mismo mundo, y que somos entre
todos y todas una misma Humanidad. Estamos en un
momento privilegiado para hacernos cargo del mundo y
participar. Los otros, ya estaban en esa situación,
ya se habían tomado el mundo por su cuenta y además
no tenían enfrente a nadie que les contestara
mundialmente.

Todo esto es agenda, tarea a ser hecha, quehacer.
Hay que soñar ese otro mundo posible, crearlo e ir
construyéndolo. Es agenda latinoamericana y mundial.
Agenda-tarea cada vez más mundializada, más en red,
más en coordinación con comunidades de cerca y de
lejos, de mi región y de otros continentes. La red
acaba de empezar apenas. El 15 de febrero de 2003 ha
sido el día de la primera manifestación mundial. Una
nueva época ha nacido, una nueva militancia está
empezando: mundializada, organizada internacional e
intercontinentalmente. Es urgente crear una especie
de Internacional de la sociedad civil democrática
mundial.

Sabemos que es utopía y que por eso mismo va a ser y
será. Todos los corazones sanos la quieren y por
otra parte queremos irnos comprometiendo entre todos
y todas a hacer de la utopía una creciente realidad.
No es una sorpresa que surgirá un día, como una flor
sin suelo de lucha, ni un milagro que caerá del
cielo sin los esfuerzos de la tierra. "Todas las
manos, todas, todas las voces, todas". Como se
hablaba de la internacional obrera y por ella se
luchaba, ahora habrá que hablar cada vez más de la
Internacional Humana y luchar por ella.

Eso es también lo que piden todas las religiones
cuando responden a su vocación de portadoras de
sentido e indicadoras de horizontes últimos. Lo
piden además desde dentro, yendo a ese hondón de
donde salen el bien o el mal, el manantial del
cambio, no sólo un cambio de época, sino también y
sobre todo un cambio personal.

Simultáneamente al avance que la humanidad ha dado
al afirmar al unísono que "otro mundo es posible" y
al llevar esta afirmación de alternatividad a una
convicción ya pacíficamente poseída, la invasión de
EE.UU. contra Irak nos ha retrotraído en el plano
internacional como no hubiéramos podido imaginar.
Muchos ya sabíamos de la peligrosidad de la potencia
y prepotencia de la única superpotencia mundial
actualmente existente, pero no pensábamos que fuera
posible que se perdiera así la compostura y la
sensatez, y se adoptara una actitud despectiva de
ruptura con el derecho internacional que llevara a
la ley de la selva, vanamente camuflada de lucha
contra el terrorismo y de defensa de la seguridad.
La legalidad internacional ha saltado por los aires
hecha añicos y la organización de las naciones ha
sido desmoralizada hasta la humillación.

Es una lucha sistémica: rechazamos un sistema y
queremos otro. Rechazamos un sistema que es
capitalismo neoliberal globalizante, que en vieja
plata llamaríamos imperialista. Un imperio que hoy
está fundamentalmente en manos de una nación. En
positivo, diciendo otras palabras verdaderas,
querríamos, queremos, un socialismo democrático, una
democracia socializada, socializadora. Sólo
socializando bienes mayores - la tierra, la salud,
la educación, la comunicación, la igualdad de
oportunidades, de derechos y de responsabilidades -
podrá haber justicia y paz. Ese "otro mundo" sólo
podrá existir en el clima de una cierta igualdad
fraterna que comparta el sol y el pan, el aire y la
técnica, la vida. Es una lucha simultáneamente
espiritual, política, económica, cultural,
religiosa. Es cada ser humano, o la humanidad
entera, queriendo humanizarse. Queremos un mundo
donde quepamos todos y todas y donde quepamos según
la talla de la dignidad humana.

Otro modo de ser humano es posible. Para el cual, en
el viejo lenguaje religioso, nos urge constantemente
la indeclinable conversión, el radical cambio
personal, la metanoia del Evangelio. Para el otro
mundo posible, otra persona ha de ser posible.

Avisando a tiempo. El terrorismo tiene mucha más
fuerza de lo que parece.

Será el elefante y las hormigas, pero éstas pueden
matar al elefante. O nos salvamos todos o no se
salva nadie: ése es el desafío. En su afán de
controlar el terrorismo, el sistema hace lo posible
para que olvidemos su propio terrorismo, terrorismo
estructural, sistémico, macroterrorismo (que en el
fondo es la vieja y siempre nueva "violencia
estructural").

Toda desigualdad mayor, toda exclusión social es una
tentación de terrorismo. Si quieres la paz, no
prepares la guerra, ni hagas la "guerra preventiva",
ni siquiera la "guerra contra el terrorismo", sino
elimina el terrorismo original: el hambre, la
miseria, la exclusión, la marginación, el
imperialismo. Cualquier otra salida no lo es; es más
bien un círculo vicioso o una espiral de violencia
terrorista.

Esta agenda es número no monográfico, sino
globalizador, estructural, que va a la totalidad. Al
"otro mundo posible", al sistema alternativo, a la
altermundialidad. Y para que no se quede en sólo
utopía, para ir forjando hoy el mañana que soñamos,
ahora ya y en cualquier lugar hay que bajar a la
praxis de la globalización: vivir cada uno, cada
una, las propias prácticas cotidianas con esa
visión, global y local a un tiempo, en esa pasión y
desde cada remo (local) empujar el mundo (global).

*Pedro Casaldáliga es el Obispo de São Félix do
Araguaia, Brasil.

 

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