Tendencias y modas en Davos
Dominique Moisi
Project Syndicate
Febrero 2008
Dominique Moisi, fundador y asesor senior del Ifri (Instituto Francés de Relaciones Internacionales); actualmente, es catedrático en el Colegio de Europa en Natolin, Varsovia.
El Foro Económico Mundial que cada año se celebra en Davos se percibe, correctamente, como un “barómetro” global. Sin embargo, el espectacular sol que hay sobre la ciudad en estos días no puede disipar las sombras de la crisis financiera que han envuelto al mundo, causando una atmósfera de desesperanza y perdición en la reunión de este año. Hoy, más que nunca, el orgulloso lema del foro: “Comprometidos con un mundo mejor”, parece estar desvinculado de la realidad. No es confianza lo que predomina en Davos 2008, sino una sensación de impotencia, si es que no aturdimiento, ante la creciente complejidad del mundo. De hecho, Davos es menos un barómetro que nos ayuda a comprender las tendencias subyacentes que están dando forma al mundo que un espejo que refleja las ideas, las inquietudes y, tal vez, los rumores de moda. De los debates formales y las charlas informales con los colegas de la multitud de personas que acude a Davos, uno puede hacerse una idea de quién prefiere el establishment estadounidense que gane las próximas elecciones (Hillary Clinton), las predicciones para el próximo referendo en Irlanda acerca del tratado europeo “simplificado” (será una votación muy estrecha) y la imagen internacional del presidente francés Nicolas Sarkozy (nada de buena). Para esto no es necesario ir a Davos, pero es en las montañas suizas donde estas ideas adquieren un halo de legitimidad –llamémoslo el sello “Me lo dijeron en Davos”– que explican por qué los analistas económicos y políticos siguen regresando, a pesar de la combinación de pomposidad y vacuidad intelectual del Foro. Las eminencias que tienen el privilegio de acudir a tal actividad tienen la oportunidad de dar muestras de sabiduría y expresar pensamientos bien ponderados.
Palabrería y el mundo real. En cuanto a los líderes del mundo de los negocios, a pesar de las altas sumas que deben pagar por convertirse en miembros de la “Familia Davos”, también siguen viniendo, porque para ellos el Foro representa una inversión que les ahorra tiempo y dinero. ¿En qué otro lugar del mundo pueden conocer en una sola oportunidad a tantos socios o clientes potenciales, como por ejemplo jefes de Estados emergentes?
Por supuesto, el peligro de Davos radica en su mezcla concentrada de clases llenas de palabrería y el mundo real de la política y los negocios. El conformismo fluye naturalmente de estos encuentros y crea un mundo en el que todos tienden a pensar parecido, como si una comunidad realmente global pudiera producir una manera global de pensar, incluso si son variadas las opiniones acerca de cómo enfrentar la actual crisis financiera.
Lo que está de moda en Davos este año es pensar que la crisis refleja dos profundas tendencias globales: por ejemplo, el declive de la influencia de Estados Unidos. Tras la guerra en Iraq y la lenta reacción de la administración Bush al huracán Katrina , la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos se percibe como algo que no hace más que acelerar el irresistible ascenso de Asia y el paso desde un mundo unipolar a uno multipolar, a pesar de que la crisis financiera generalizada también termine afectando el crecimiento asiático.
Para países como China e India, reducir el crecimiento de un 8% a un 5% es casi equivalente a una recesión en Occidente. Ayer, cuando Estados Unidos estornudaba, el mundo cogía un resfriado. Hoy, si Estados Unidos coge una neumonía, ¿podrá Asia apenas estornudar? La segunda tendencia que se subraya en Davos es el retorno al Estado. En el último número de Foreign Affairs , el fundador y presidente del Foro, Klaus Schwab, pregunta: “¿Cómo las empresas pueden salvar al mundo?”. Sin embargo, con la crisis financiera colgando sobre las cabezas de los participantes de Davos como espada de Damocles, la pregunta está comenzando a ser: “¿Pueden los Estados y las instituciones internacionales salvar las empresas?”
El retorno al Estado, incluso si es el poder de la Comisión Europea para sancionar a Microsoft, está en boca de todos, y no hace más que reforzar el creciente escepticismo acerca del mercado y la infecciosa y peligrosa avaricia de sus principales actores. Esta tendencia, si es confirmada por la realidad, podría significar el fin de lo que simboliza Davos: un mundo abierto, global y transparente. Sin embargo, ¿está preparado el mundo para un regreso a las políticas proteccionistas y los reflejos nacionalistas? ¿Ocurrirá que la libertad y transparencia actuales, por haber producido resultados indeseados, terminen en un retorno a restricciones a los movimientos de bienes, personas y capitales?
Este año en Davos, grandes esperanzas han cedido terreno a grandes aprehensiones. ¿Cómo se puede fingir estar actuando para cambiar el mundo si ya no se lo entiende?
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